De acuerdo con 1 Timoteo 2.3, 4, el Señor “quiere que todos los
hombres sean salvos” del pecado y la muerte. Su oferta de salvación no
excluye a nadie, y Él busca a los pecadores con compasión y amor. Sin
embargo, el Señor perdona solamente a quienes se arrepienten de su
pecado y creen que Jesús es el Hijo de Dios, aceptando su sacrificio
expiatorio a su favor. Aunque muchas personas resistirán o rechazarán
nuestro mensaje, seguimos teniendo la responsabilidad de proclamar las
buenas nuevas de salvación en todo tiempo. No sabemos cuándo Dios
abrirá el corazón de alguien para recibir al Salvador.
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